SINOPSIS
Hay tres cosas muy evidentes sobre Elizabeth Bennet: es muy inteligente, siempre mantiene el control y su vida está basada en un conjunto de normas cuidadosamente elaborado. Ha aprendido de la manera más difícil que la gente a la que ama siempre acaba haciéndole daño.
Pero entonces aparece Declan Blay, el nuevo vecino de su bloque de apartamentos.
Declan es británico, experto en artes marciales y el chico malo del campus al que se supone que Elizabeth debe evitar, pero cuando lo conoce en una fiesta universitaria, todas las reglas que ella tiene sobre el sexo y el amor se desvanecen.
Después de pasar una noche de pasión desenfrenada, él anhela algo más: tras la delgada pared que separa sus dormitorios, Declan sueña con que la vulnerable chica de al lado sea suya para siempre.
MI OPINIÓN
Yo pensé que iba a
encontrarme con un desarrollo de la historia de lo más previsible, un tira y
afloja eterno que iba a provocar que me diera cabezazos en las paredes, pero me
sorprendió gratamente en ese aspecto.
El libro está
narrado desde el punto de vista de los dos protagonistas, Elizabeth y Declan, alternando
sus capítulos. Sin embargo, a pesar de esto, siento que no conocí mucho a la
protagonista, que no se esboza del todo su verdadera personalidad, al contrario de lo que me pasa con Declan, del
que me encariñé.
Elizabeth Bennett
es una muchacha de 20 años, que estudia en la universidad de Whitman, algo
relacionado con arte, debo admitir que esta parte no me quedó muy clara. Es
rubia, alta, bonita, sexy e inteligente, parece 100% segura de sí misma, sólo
que algo que pasó en el pasado todavía hace estragos dentro de ella y aún no lo
ha superado, es algo que llegas a leer empezando el libro y, de hecho, suspiras
un poco de alivio por el modo en que se lo toma, porque es un problema gordo y
es horrible lo que le pasó.
Declan Blay, tiene
21 años, está en el último año de Literatura Inglesa con especialidad en negocios
en la Universidad de Whitman. Es alto, sexy, musculoso- es luchador en peleas
ilegales- inteligente, seguro de sí mismo, empático y sensato-
muchasgraciasporesto- porque normalmente a los luchadores en los libros lo
hacen parecer como cavernícolas modernos, a punto de orinarte una pierna para
marcar territorio y tan obcecados que no son capaces de ver más allá de la
mentira que le meten o de la actitud que toman otros personajes en el libo, en
este caso, la protagonista. Sabe hablar para evitar esos malentendidos.
Las reglas sobre
sexo que Elizabeth se impone son básicamente “una sola vez y de ahí ya nunca
más”, sin compromisos y sin condiciones, algo que le va como anillo al dedo a
muchos ligones. Al principio ella y Declan se sintieron atraídos como imanes,
con estallido eléctrico al estrechar sus manos y todo, por lo que le propone
una sesión de esas, pensando que es otro más de esos jugadores de “una noche y
adiós” pero éste se niega ¡SE NIEGA!; en este punto yo estaba “Ya va, un momento, ¿QUÉ?” porque en mi mente
ya hasta había terminado el libro: »él le dice que sí, se acuestan, pero él la
persigue hasta el hartazgo y ella recapacita, porque debe recapacitar al final
¿no? y blablabla« Él no quiere un rollo de una
noche, no hace mucho que salió de una relación y no quiere usarla para un
revolcón.
Por lo que a ella no le queda de otra que seguir
asistiendo a la universidad, compartir una materia con él e ir conociendo su
verdadero yo, que no era -para nada- lo que ella pensaba.
En sí no tengo
mucho que desentrañar del libro, es una lectura que a mi parecer es rápida y sencilla,
no es una joya literaria, pero consigue lo que se propone, que es hacerte pasar
un buen rato leyendo
.
Lo que me gustó: La
forma en que se desarrollan las cosas e incluso el romance, que no parece
forzado. Se cortan los malentendidos de raíz que, según mi experiencia, en
algunos libros young adult son como
conchas de caracol en una playa o borrachos en Año Nuevo: ¡ABUNDAN! La manera
en la que algunos momentos me hicieron alzar el puño al aire por la
satisfacción. Y por supuesto, el jodido inglés: Declan Blay.
Lo que no me gustó:
No perfilan bien la personalidad de la protagonista, a mi parecer, no es como
si pudiese decir “tal cosa se parece a Elizabeth” y no asocio nada con ella.
¿Lo volvería a leer?:
Nunca digas nunca, pero de momento, no.
Puntaje: 9/10





